Hace tiempo que soñaba con cambiar mi vida y dedicarme a lo que de verdad me gustaba, pero realmente no podía avanzar.El miedo al fracaso y a desilusionarme era más grande que las ganas de superarme a mí misma. Tras muchos años de estar muy perdida, y tras tocar fondo en muchos aspectos de mi vida, decidí dejar de huir de mi misma y ser más auténtica a pesar de mis miedos-como dice Almodóvar en su película Todo sobre mi madre, cuanto más te acercas a quien realmente quieres ser, más auténtica eres. Siempre me habían gustado los idiomas y había dedicado largas temporadas a estudiar. Estudié inglés y francés en la escuela de idiomas. Gracias al trabajo de mi padre, a los trece años viví y estudié 6 meses en Anchorage, Alaska. A los veinticuatro años, tras fallecer éste, me saqué un billete de solo ida a Londres (U.K) , donde viví y trabajé de monitora de fitness durante 2 años en un gimnasio femenino multicultural. De todas las trabajadoras del gimnasio solo había dos nativas británicas. El resto éramos de diferentes nacionalidades: griega, lituana, rusa, australiana, sudafricana, etc, lo cual implicaba que no había otro remedio que comunicarse en inglés si querías sobrevivir. Esto me obligó a vencer mi timidez y a perfeccionar mi inglés estándar.Volví a España, donde no he conseguido una vida laboral muy estable, la verdad. A los pocos años, tras dar tumbos en diferentes trabajos (desde recepcionista de hotel y agente de reservas, hasta monitora de deportes) decidí viajar a Francia donde me ofrecieron un trabajo como camarera en Disneyland París.Fue una experiencia muy dura, pero al mismo tiempo muy enriquecedora y excitante pues mejoré mi francés y conocí gente de diferentes nacionalidades ( italianos, marroquís, canadienses, holandeses, franceses, americanos, etc..).
De vuelta a España,después de una frenética vida con intentos de vivir fuera de España(entre otras ciudades, México D.F.), decidí presentarme sin mucha fe a unas pruebas para estudiar traducción en varias Universidades públicas: la Universidad Complutense, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Salamanca. Conseguí entrar en ésta última para acceder a hacer un Máster en Traducción y Mediación Intercultural. La verdad es que no me lo podía creer, que a mis casi 40 años tuviera la oportunidad de estudiar lo que de verdad me gustaba.Por supuesto, el apoyo moral y económico de mi madre fue crucial. Puede que la gente piense que es demasiado tarde pero la verdad es que a estas alturas me da igual.
Me ha encantado este nuevo reto de vivir y estudiar en una Universidad de tanto prestigio como es la Universidad de Salamanca.He conocido a profesionales de la traducción maravillosos que con su experiencia y conocimientos me han contagiado su entusiasmo y amor a la profesión.
No sé si podré dedicarme a esta profesión el resto de mi vida, pero por lo menos lo estoy intentando y animo a cualquiera que estudie y siga aprendiendo independientemente de su edad.
Por último, quiero reflexionar sobre algo que comentaba hace poco con una compañero de facultad escocés y que me ha hecho pensar.Hay algo que tenemos todos los traductores en común : la sensación de sentirse extranjero en su propio país. No sé si es por el hecho de haber viajado mucho y haber vivido inmersos en diferentes culturas, por ser bilingües, o porque quizá, una vez que sales por un tiempo de tu país, ya nunca vuelves a ser la misma y te sientes diferente junto a personas que nunca han salido de su país natal.
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